Justicia Social

Messi como escenario: la disputa política detrás del festejo

Messi como escenario: la disputa política detrás del festejo
Messi como escenario: la disputa política detrás del festejo

El fútbol como arena política, siempre fue así

Que la política y el fútbol se mezclan en Argentina no es novedad: es una constante histórica que va desde los mundiales de la dictadura hasta los festejos del 78, pasando por cada copa que la Selección trajo a casa. Lo que sí resulta revelador es cómo cada gobierno gestiona ese vínculo, qué hace con él, a quién convoca y desde qué lugar se para.

Según Diario 13 San Juan, Javier Milei ofreció la Casa Rosada para recibir a los campeones mientras Axel Kicillof imagina un acto en La Plata. La disputa ya está planteada. Y como siempre en Argentina, la geografía del festejo dice más que cualquier discurso.

La Rosada de Milei: el símbolo del poder sin pueblo

Milei lleva más de un año y medio gobernando con una lógica que combina shock económico, desmantelamiento del Estado y una comunicación basada en el espectáculo. Los números son conocidos: caída del salario real, deterioro del sistema de salud pública, recorte en educación y ciencia, y una pobreza que según datos del INDEC tocó el 54,8% en el primer semestre de 2024 antes de mostrar una leve corrección estadística que no se tradujo en recuperación real del bolsillo popular.

En ese contexto, la imagen de Messi en el balcón de la Rosada tiene un valor político preciso para La Libertad Avanza: necesita una foto que no huela a ajuste. Necesita una imagen que no sea la de jubilados en la calle, docentes en paros, o universidades sin presupuesto. La Selección, en ese esquema, cumple la función de cortina: distrae, emociona, y le presta al gobierno una legitimidad que sus políticas económicas no le dan.

No es casualidad que los gobiernos que más recortaron el gasto social en la historia argentina siempre hayan sido los más ávidos de apropiarse de los éxitos deportivos. El menemismo lo hizo, la dictadura lo hizo antes. El kirchnerismo, en cambio, fue criticado por exactamente lo opuesto: por intentar politizar los festejos desde un lugar de identificación genuina con el pueblo. La diferencia no es menor.

Kicillof y La Plata: el territorio como política

La propuesta de Axel Kicillof de recibir a la Selección en La Plata tiene una lógica diferente, y vale la pena leerla con atención antes de descartarla como simple competencia de egos. La Provincia de Buenos Aires es el territorio más poblado del país, concentra la mayor parte de la clase trabajadora argentina, y es el espacio donde el peronismo tiene todavía su estructura más sólida.

Recibir a los campeones en La Plata no es solo una jugada de marketing territorial: es una declaración de que el campo popular tiene su propia institucionalidad, su propia capacidad de convocar y de generar pertenencia. En un momento en que el peronismo busca rearticularse después de la derrota de 2023, la capacidad de Kicillof de poner en pie un acto masivo con la Selección como protagonista tiene un valor organizativo que va más allá de la anécdota.

Dicho esto, sería ingenuo no ver también los riesgos. El peronismo no puede reducir su reconstrucción a la gestión de la épica ajena. Messi es un símbolo nacional, no un activo partidario, y cualquier intento de apropiación demasiado explícita puede resultar contraproducente ante una ciudadanía que, con razón, desconfía del uso instrumental del fútbol por parte de todos los sectores políticos.

Lo que está en juego: representación simbólica y campo popular

Detrás de esta disputa por el festejo hay una pregunta más profunda: ¿quién representa a los sectores populares en Argentina hoy? ¿Quién puede convocar a las mayorías sin apelar al miedo, al ajuste, o a la nostalgia?

El kirchnerismo en sus mejores momentos supo construir esa representación desde la política activa: planes sociales, estatizaciones, recuperación de derechos, discurso de soberanía. No era solo una foto, era una arquitectura de Estado que sostenía una promesa. Hoy esa arquitectura está siendo demolida bloque por bloque por un gobierno que, paradójicamente, necesita más que nunca de los símbolos populares para justificar su gestión ante quienes más la padecen.

La Selección ganó porque jugó en equipo, porque tuvo un proyecto colectivo, porque Scaloni construyó un grupo con identidad y pertenencia. Hay una lección política ahí que el peronismo haría bien en escuchar: no alcanza con la figura del líder, hace falta el colectivo. No alcanza con Messi, hace falta el equipo.

El peronismo necesita más que una foto

Sería un error estratégico que el campo popular concentre su energía política en ganarle a Milei la foto con Messi. Esa batalla, aunque tenga su valor simbólico, no es la central. La central es reconstruir el vínculo con los trabajadores que votaron a La Libertad Avanza creyendo que el ajuste iba a beneficiarlos, con los jóvenes que ven en el Estado una burocracia y no una herramienta, con los sectores medios que asocian al peronismo con la inflación y no con los derechos.

Esa reconstrucción no se hace desde un balcón, sea el de la Rosada o el del estadio de La Plata. Se hace desde la organización territorial, desde la propuesta programática, desde la capacidad de explicar con datos y con honestidad qué está pasando con la economía argentina y quiénes son los responsables.

El fútbol puede ser un punto de entrada, una excusa para la conversación, un momento de unidad emocional. Pero el pueblo argentino sabe distinguir, con el tiempo, entre quien lo abraza para sacarle el voto y quien lo acompaña cuando llega la boleta del gas, cuando cierra la fábrica, cuando el hospital no tiene insumos.

Conclusión militante: la épica no reemplaza al programa

Milei quiere a Messi en la Rosada porque necesita tapar el ajuste con una bandera celeste y blanca. Kicillof quiere a Messi en La Plata porque necesita mostrar que la Provincia sigue siendo el corazón político del campo popular. Ambas son jugadas legítimas dentro del juego político, y sería hipócrita negarlo.

Pero la pregunta que nos hacemos desde La Universidad es otra: ¿qué queda después de la foto? ¿Qué política concreta se construye a partir de ese capital simbólico? ¿Cómo se transforma el orgullo colectivo que genera la Selección en organización popular, en agenda de derechos, en proyecto de país?

Esa es la conversación que el peronismo necesita tener, con urgencia y sin eufemismos. Porque el futuro no se construye desde el balcón. Se construye desde el Estado, sí, pero también desde las calles, las escuelas, los sindicatos y los barrios. Y ahí, por ahora, la pelea todavía está abierta.

Fuentes citadas

  1. Diario 13 San Juan — La pelea por Messi y la Selección — Nota original que da cuenta de la disputa entre Milei y Kicillof por el acto de recepción a los campeones.
  2. INDEC — Incidencia de la pobreza e indigencia — Datos oficiales de pobreza e indigencia en Argentina, referencia para contextualizar el impacto del ajuste sobre los sectores populares.
  3. Página/12 — Medio de referencia para el análisis político del campo popular y la gestión de Milei.

Preguntas frecuentes

¿Por qué Milei quiere recibir a la Selección en la Casa Rosada?
Desde una lectura política, el gobierno de Milei necesita asociarse a un símbolo de éxito popular en un contexto de ajuste económico severo, caída del salario real y deterioro de los servicios públicos. La imagen de los campeones en la Rosada opera como un recurso de legitimación simbólica que sus políticas económicas no le proveen.
¿Qué diferencia hay entre la propuesta de Milei y la de Kicillof?
Más allá de la geografía, la diferencia es política: Kicillof apuesta a un acto en territorio bonaerense como afirmación de la institucionalidad provincial y del campo popular organizado. Milei apela al poder central del Estado nacional para capitalizar un logro colectivo que trasciende cualquier gobierno.
¿Es válido que los gobiernos se apropien de los logros de la Selección?
Es una práctica histórica en Argentina y en el mundo. El problema no es la celebración en sí, sino el uso instrumental del fútbol para encubrir políticas que perjudican a los mismos sectores que festejan. La distinción entre acompañar un logro colectivo y usarlo de pantalla es una cuestión de coherencia entre el discurso y la gestión.
¿Qué desafíos enfrenta el peronismo en este contexto?
El peronismo necesita reconstruir su vínculo con sectores que en 2023 votaron a Milei, explicar con claridad las consecuencias del ajuste, y ofrecer una alternativa programática creíble. La disputa simbólica por Messi puede ser un punto de entrada, pero no reemplaza la organización territorial ni la propuesta política concreta.
¿Qué rol juega la Provincia de Buenos Aires en la rearticulación del campo popular?
La Provincia de Buenos Aires es el distrito más poblado del país y el espacio donde el peronismo conserva su estructura organizativa más sólida. Kicillof la gobierna con una orientación que defiende el gasto social, la educación pública y los derechos de los trabajadores, lo que la convierte en el principal contrapeso institucional al gobierno de Milei.