Soberanía Económica
Milei en Neuquén: el petróleo no chorrea hacia las mujeres
El show de Neuquén y lo que no entra en el cuadro
Javier Milei viajó a Neuquén para impulsar inversiones en el sector energético y, según informó Cadena 3 Argentina, también buscó "afianzar su vínculo con las provincias". La foto es conocida: el Presidente en territorio patagónico, rodeado de empresarios del sector hidrocarburífero, prometiendo desregulación y seguridad jurídica para el capital extranjero. Lo que no entra en el encuadre es igualmente conocido, aunque mucho menos celebrado: quiénes pagan el costo de ese modelo y qué cuerpos cargan con el peso del ajuste.
No hace falta ser economista heterodox@ para notar la contradicción. El mismo gobierno que recorta partidas de salud sexual y reproductiva, que dejó sin fondos al programa Acompañar para víctimas de violencia de género y que desfinanció la línea 144, sale a buscar inversiones presentando a la Argentina como un paraíso de la desregulación. El mensaje para los mercados es claro. El mensaje para las mujeres, las travestis, los cuerpos trans y las comunidades originarias que habitan la región es el opuesto.
Vaca Muerta y la trampa del derrame que nunca llega
El argumento oficial es viejo y tiene mala prensa empírica: la inversión en recursos naturales derrama riqueza hacia abajo. Neuquén acumula décadas de extracción petrolera y gasífera. ¿Cuánto derramó hacia las mujeres rurales de la cuenca, hacia las comunidades mapuche, hacia las trabajadoras de la economía del cuidado que sostienen los hogares de los obreros del yacimiento?
Los datos del INDEC sobre distribución del ingreso son elocuentes: la brecha salarial de género en Argentina ronda el 27% en el sector formal, y es mucho más pronunciada en las economías regionales donde predomina el trabajo informal y estacional. Las provincias con alta dependencia de la renta extractiva no muestran, históricamente, mejores indicadores de igualdad de género que las que desarrollaron industria diversificada con intervención estatal. El derrame es una metáfora conveniente para los que están arriba del pozo.
Lo que sí derraman los yacimientos, en cambio, es contaminación de napas, desplazamiento de comunidades y una estructura laboral hipermasculinizada donde las mujeres quedan relegadas a los eslabones más precarios de la cadena: el comercio, los servicios, el trabajo doméstico no remunerado en los campamentos. Las adolescencias trans y no binaries de esas localidades enfrentan, además, la doble marginación de una economía de enclave que no las incluye ni siquiera en los puestos de baja jerarquía.
El ajuste tiene cara de mujer (y de travesti)
Cuando Milei habla de "equilibrio fiscal" y "eliminación del déficit", está hablando, en términos concretos, de qué servicios se cortan y a quién le pega más ese corte. La evidencia internacional y local es consistente: los recortes al gasto social impactan de manera desproporcionada sobre las mujeres y las disidencias, porque son quienes más dependen de la salud pública, la educación estatal, los comedores, los centros de desarrollo infantil y las políticas de vivienda.
El desfinanciamiento del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad —degradado a secretaría y luego vaciado presupuestariamente— no es un dato menor en este contexto. Es la señal política de un gobierno que entiende la igualdad de género como un gasto superfluo, no como una inversión en capital humano y en cohesión social. Mientras tanto, los femicidios no bajan, la brecha salarial no se cierra sola y las listas de espera en los servicios de salud mental para la comunidad LGBTIQ+ se extienden.
Neuquén, específicamente, tiene uno de los índices más altos de violencia de género del país en términos relativos a su población, según relevamientos de organizaciones de la sociedad civil de la región. Que el Presidente viaje allí a hablar de inversiones sin mencionar una sola política de protección para esas comunidades no es un olvido: es una declaración de prioridades.
Soberanía económica con perspectiva feminista, o no es soberanía
Desde Eduqueros sostenemos que el futuro se construye desde el Estado, y esa convicción tiene que ser feminista o no sirve. Una política de soberanía económica que extrae recursos del subsuelo sin redistribuir localmente, sin garantizar derechos para las comunidades afectadas y sin incorporar la perspectiva de género en la planificación territorial no es soberanía: es otra forma de dependencia, ahora con bandera nacional en el cartel de la empresa.
La experiencia de los gobiernos populares en América Latina —con todos sus límites y contradicciones— mostró que es posible combinar la gestión de los recursos naturales con políticas activas de redistribución, con asignaciones universales, con programas de cuidado, con educación sexual integral. No es magia: es decisión política de para quién gobernás.
El kirchnerismo tuvo deudas con la agenda feminista, es cierto, y el movimiento de mujeres y disidencias se las señaló con claridad. Pero la dirección era otra: la Asignación Universal por Hijo llegó mayoritariamente a manos de mujeres, el matrimonio igualitario fue ley, la identidad de género también. El Estado se movía —con lentitud, con resistencias internas— hacia la ampliación de derechos. Lo que estamos viendo ahora es el movimiento contrario: un Estado que se retira de la protección y deja el campo libre al mercado, que históricamente nunca resolvió la desigualdad de género por iniciativa propia.
Lo que deberían preguntar en la conferencia de prensa
Cuando Milei posa para las fotos en Neuquén rodeado de inversores, las preguntas que nadie le hace son las más importantes. ¿Qué porcentaje de la renta hidrocarburífera se destinará a servicios de salud reproductiva en la provincia? ¿Existe algún protocolo de consulta previa, libre e informada con las comunidades mapuche afectadas por la expansión de Vaca Muerta, tal como establece el Convenio 169 de la OIT? ¿Habrá fondos para los refugios de mujeres víctimas de violencia en los municipios que crecen al ritmo de los yacimientos y donde la violencia doméstica escala junto con la población masculina flotante?
Las respuestas importan más que el monto de la inversión anunciada. Porque los dólares que entran por el subsuelo pueden salir por la misma vía si las condiciones cambian, pero los cuerpos que viven sobre ese suelo no tienen opción de retiro. Ellas —y elles— se quedan con las consecuencias.
Un modelo que no les pregunta, que no las incluye en la planificación y que recorta las herramientas estatales que las protegen no merece llamarse desarrollo. Merece llamarse por su nombre: extractivismo con perspectiva patriarcal.
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Fuentes citadas
- Cadena 3 Argentina — Milei viaja a Neuquén para impulsar inversiones — Noticia original que da origen al análisis editorial.
- INDEC — Indicadores de condiciones de vida y género — Fuente oficial de datos sobre brecha salarial y condiciones laborales por género en Argentina.
- Ley 26.485 — Protección integral para prevenir y sancionar la violencia contra las mujeres — Marco legal de referencia para evaluar el desfinanciamiento de políticas de protección contra la violencia de género.