Soberanía Económica

El 'excedente de dólares' de Caputo y la deuda que nunca se nombra

Jubilada cuenta monedas en mesa de cocina junto a medicamentos y facturas sin pagar.
Jubilada cuenta monedas en mesa de cocina junto a medicamentos y facturas sin pagar.

El anuncio y lo que esconde

El ministro de Economía Luis Caputo volvió a afirmar, según informó Comercio y Justicia, que la Argentina "tiene excedente de dólares". La declaración fue celebrada en los mismos medios de siempre como señal de estabilidad y éxito del programa económico. Pero conviene detenerse un momento antes de aplaudir: ¿qué significa exactamente ese excedente, de dónde proviene y quién lo está financiando con su bolsillo?

La respuesta, como casi siempre en la economía política argentina, no está en el titular sino en el contexto que el oficialismo prefiere no mencionar.

Dólares sí, pero ¿a qué precio?

Cuando un ministro de Economía habla de excedente de divisas en un país que atraviesa un proceso de ajuste fiscal brutal, la pregunta obligada es: ¿cómo se generó ese excedente? Las divisas no caen del cielo. En el modelo que lleva adelante el gobierno de Javier Milei, el ingreso de dólares se explica por una combinación de factores que tienen costos sociales enormes y que rara vez aparecen en los comunicados oficiales.

Primero, la caída del consumo interno. Cuando los salarios reales se desploman —y según datos del INDEC, el poder adquisitivo de los trabajadores registrados acumula pérdidas significativas desde la asunción del gobierno— las importaciones bajan. Menos importaciones significan menos demanda de dólares, lo que mejora el balance cambiario de manera artificial. No es riqueza genuina: es empobrecimiento disfrazado de equilibrio.

Segundo, el endeudamiento. El gobierno de Milei, al igual que el de Macri antes, recurrió a los mercados financieros internacionales y al FMI para sostener el esquema cambiario. Cada dólar que entra por esa vía es un dólar que el pueblo argentino deberá devolver con intereses. Hablar de excedente sin hablar de la deuda que lo financia es, en el mejor de los casos, una omisión grave. En el peor, una mentira por selección.

Tercero, la licuación de derechos. El ajuste del gasto público que permitió el superávit fiscal no cayó sobre los grandes capitales sino sobre jubilados, trabajadores estatales, universidades y programas sociales. El "excedente" se construye sobre espaldas de los que menos tienen.

La memoria que incomoda

Hay algo en este discurso del excedente y la estabilidad que resuena de manera inquietante en la memoria histórica argentina. No es casual: el mismo manual ya fue aplicado antes, con resultados que conocemos de sobra.

Durante la última dictadura cívico-militar, Martínez de Hoz inauguró en la Argentina el ciclo de endeudamiento externo, apertura financiera y desregulación que devastó el aparato productivo nacional. Las reservas crecieron en algunos momentos de ese período mientras los salarios caían, los sindicatos eran perseguidos y los trabajadores desaparecían. La estabilidad de las cifras macroeconómicas convivió con el terror de Estado.

No se trata de equiparar situaciones que tienen diferencias sustanciales. Sí se trata de señalar que en la Argentina existe una genealogía del ajuste que siempre se vende como modernización, siempre se presenta con datos de reservas o superávit, y siempre termina en crisis y en una deuda que pagan los de abajo. Las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo lo saben mejor que nadie: el modelo económico de la dictadura no fue un accidente sino un programa, y ese programa requirió del terrorismo de Estado para imponerse sobre una sociedad que lo hubiera rechazado.

Hoy no hay dictadura. Pero el negacionismo que avanza —desde sectores del propio gobierno que cuestionan las cifras de desaparecidos hasta la reivindicación pública de figuras del proceso— no es ajeno al modelo económico que se impulsa. Son dos caras de la misma moneda: deslegitimar la memoria para deslegitimar la resistencia al ajuste.

El FMI como árbitro permanente

Uno de los datos más relevantes que el discurso del "excedente" oculta es el rol del Fondo Monetario Internacional en la política económica argentina actual. La Argentina no decide sola su política cambiaria, su nivel de gasto o su estructura de reservas: lo hace bajo el escrutinio y las condiciones de un organismo que históricamente impuso recetas de ajuste que generaron desempleo, pobreza y crisis institucionales.

La subordinación al FMI no es una novedad ni un fenómeno neutral. Es una renuncia a la soberanía económica que tiene efectos concretos en la vida de millones de personas. Cada punto de ajuste del gasto que exige el Fondo se traduce en menos medicamentos en los hospitales públicos, en menos recursos para las escuelas, en menos protección para los trabajadores. Celebrar el "excedente" sin mencionar que ese excedente es en parte condición impuesta por el FMI es hacer política de comunicación, no economía.

La integración latinoamericana que defendemos desde Eduqueros pasa exactamente por lo contrario: construir bloques regionales que permitan a los países negociar en mejores condiciones, reducir la dependencia de los organismos de crédito multilaterales y recuperar márgenes de decisión soberana. El MERCOSUR, la CELAC y los proyectos de moneda regional son herramientas imperfectas pero necesarias en esa dirección. El gobierno actual las desdeña o directamente las boicotea.

Lo que un excedente no puede comprar

Hay cosas que las reservas del Banco Central no miden y que, sin embargo, definen si una sociedad avanza o retrocede. La cantidad de pibes que abandonaron la escuela este año porque sus familias no pueden sostener el costo del transporte y la alimentación. El número de jubilados que recortaron su medicación porque el ajuste licuó sus haberes. Los comedores comunitarios que duplicaron su demanda en los últimos meses. Los trabajadores informales que no tienen ni siquiera la protección precaria del sistema formal.

Un proyecto nacional y popular —y eso es lo que Eduqueros defiende— mide el éxito económico no en el balance del Tesoro sino en la calidad de vida de las mayorías. Esa es la diferencia de fondo entre una política de soberanía económica y una política de ajuste con marketing.

Caputo puede seguir insistiendo con el excedente de dólares. Nosotros vamos a seguir preguntando quién lo pagó, quién lo sigue pagando y a quién le llega. Porque en esas preguntas está, siempre, la política real.

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Fuentes citadas

  1. Comercio y Justicia — Caputo insistió en que Argentina tiene excedente de dólares — Fuente original de la declaración del ministro Caputo sobre el excedente de divisas.
  2. INDEC — Índice de Salarios — Datos oficiales sobre evolución del poder adquisitivo de los trabajadores en Argentina.
  3. BCRA — Principales variables económicas — Datos del Banco Central de la República Argentina sobre reservas internacionales y variables cambiarias.

Preguntas frecuentes

¿Qué significa que Argentina tenga 'excedente de dólares'?
Implica que el flujo de divisas que ingresa al país supera al que sale. Sin embargo, ese resultado puede deberse a factores negativos como caída del consumo y las importaciones por empobrecimiento, o a endeudamiento externo, más que a una genuina fortaleza productiva.
¿Por qué es relevante el rol del FMI en este análisis?
Porque el acuerdo con el FMI condiciona la política económica argentina: establece metas de reservas, de gasto público y de tipo de cambio. El 'excedente' que celebra Caputo se construye en parte bajo esas condiciones impuestas, lo que implica una cesión de soberanía económica.
¿Qué relación hay entre el modelo económico actual y la última dictadura?
La relación es histórica y estructural: el ciclo de endeudamiento externo, apertura financiera y ajuste salarial fue inaugurado en Argentina durante la dictadura cívico-militar con Martínez de Hoz. No se trata de equiparar regímenes, sino de señalar la continuidad de un programa económico que siempre pagan los sectores populares.
¿Cómo afecta el ajuste a los derechos sociales concretos?
El recorte del gasto público impacta directamente en jubilaciones, salud pública, educación y programas sociales. Según datos del INDEC, los salarios reales cayeron significativamente desde el inicio del actual gobierno, lo que reduce el acceso de las mayorías a bienes y servicios esenciales.
¿Qué alternativa propone una perspectiva nacional-popular?
Medir el éxito económico en términos de distribución del ingreso, calidad de vida de las mayorías, fortaleza del mercado interno y soberanía en las decisiones de política económica. Implica reducir la dependencia del FMI, fortalecer la integración latinoamericana y proteger el aparato productivo nacional.