Justicia Social
Endeudarse para comer: la pobreza estructural que dejó el ajuste de Milei

Datos clave
- Pobreza en el primer semestre de 2024: 52,9% (INDEC).
- Indigencia trepó al 18,1% en el mismo período (INDEC).
- Canasta Básica Alimentaria acumuló más de 300% interanual en 2024 (INDEC).
- Salarios reales del sector privado registrado cayeron cerca de 15% entre noviembre 2023 y marzo 2024 (CIFRA-CTA).
- Consumo masivo se desplomó 13,9% interanual en primer semestre 2024 (Scentia).
Cómo impactó el ajuste de Milei en el endeudamiento de los hogares para comprar alimentos
Según INDEC, la pobreza saltó del 41,7% a fines de 2023 al 52,9% en el primer semestre de 2024, con 11,2 puntos porcentuales adicionales de argentinos bajo la línea de pobreza. En paralelo, el BCRA registró un crecimiento sostenido del financiamiento con tarjeta de crédito y préstamos personales destinados a consumo básico, mientras la Canasta Básica Alimentaria acumuló un alza superior al 300% interanual. El ajuste no cerró el déficit fiscal: lo trasladó a los hogares, que hoy se endeudan para comer.
La foto que INDEC no pudo maquillar
El informe de pobreza correspondiente al primer semestre de 2024 fue demoledor y salió publicado en septiembre de ese año. La incidencia de la pobreza alcanzó al 52,9% de las personas, unos 24,9 millones de argentinos, según el propio Instituto Nacional de Estadística y Censos. La indigencia —es decir, hogares que ni siquiera cubren la canasta alimentaria— trepó al 18,1%, casi el doble que un año antes.
Es el peor registro desde la salida de la convertibilidad. Y a diferencia de 2002, no hubo un colapso cambiario ni corralito: fue el resultado buscado de una política económica que licuó jubilaciones, congeló salarios estatales, devaluó 118% de un día para el otro y liberó precios de alimentos, medicamentos, transporte y alquileres en un país donde el salario real ya venía golpeado.
Los que hoy defienden el rumbo callan cuando se les recuerda que la Canasta Básica Alimentaria para una familia tipo pasó de rondar los $250.000 en noviembre de 2023 a superar el millón de pesos hacia mediados de 2024. Un salto que ningún paritario, ninguna jubilación mínima y ninguna AUH pudo seguir.
De la tarjeta al almacén: el crédito como changuito
Una dimensión menos comentada, pero clave, es la del endeudamiento de los hogares. Los informes de bancos y consumo masivo mostraron a lo largo de 2024 un fenómeno inédito en su intensidad: familias usando tarjeta de crédito, préstamos personales y adelantos para comprar alimentos, medicamentos y pagar servicios.
El relevamiento del Banco Central sobre préstamos al sector privado no financiero muestra que, en términos reales, el financiamiento con tarjetas se mantuvo alto pese al derrumbe del consumo. Según datos de consultoras como Scentia y Focus Market, el consumo masivo cayó cerca de 13,9% interanual en el primer semestre de 2024, con desplome en lácteos, carnes y limpieza. Pero, paradójicamente, la porción de esas compras pagada en cuotas o con crédito aumentó.
La lectura es cruda: la gente compra menos y, lo poco que compra, lo financia. El almacén de barrio empezó a ofrecer fiado; las cadenas de supermercados extendieron promos con bancos para pagar la comida en tres o seis cuotas. No es un lujo: es fideos, aceite y leche en polvo en cuotas con interés.
Salarios que corren de atrás
El otro pilar de este esquema es la caída del salario real. Según el Centro de Investigación y Formación de la República Argentina (CIFRA-CTA), los salarios del sector privado registrado perdieron alrededor del 15% de su poder de compra entre noviembre de 2023 y marzo de 2024. Los estatales, más. Las jubilaciones mínimas, peor aún, incluso con el bono fijo que se mantuvo congelado en $70.000 durante meses.
Este dato no es marginal. Como venimos analizando en inflación récord y ajuste sobre el bolsillo, la política antiinflacionaria del gobierno tuvo un componente central: destruir demanda vía licuación de ingresos. Es la vieja receta ortodoxa, la misma que aplicó Martínez de Hoz y la que profundizó Cavallo. Baja la inflación no porque haya equilibrio productivo, sino porque la gente literalmente no puede comprar.
Como escribió Axel Kicillof en más de una ocasión, un superávit fiscal construido sobre el hambre de los jubilados y el ajuste a las universidades no es una hazaña económica: es una redistribución regresiva del ingreso. Lo dicen los números, no la militancia.
El rol del Estado ausente
El gobierno de Milei tomó decisiones concretas que agravaron esta situación:
- Freno al envío de alimentos a comedores comunitarios durante los primeros meses de gestión, denunciado por organizaciones sociales y confirmado luego por auditorías.
- Eliminación del Fondo Fiduciario para el Transporte del interior, que encareció boletos y afectó el acceso al trabajo.
- Desguace de programas alimentarios como el Plan Nacional Argentina contra el Hambre.
- Recorte real en AUH y Tarjeta Alimentar, que aunque nominalmente aumentaron, perdieron contra la inflación de alimentos.
- Devaluación del 118% en diciembre de 2023 sin compensación salarial equivalente.
En paralelo, se avanzó con la Ley Bases, el RIGI y beneficios impositivos para grandes exportadores. La ecuación es transparente: menos Estado para los de abajo, más Estado para los de arriba. Lo desarrollamos con detalle en el plan de deuda de Caputo, donde se ve cómo la política fiscal y la política de endeudamiento externo son dos caras de la misma moneda.
La pobreza estructural que se consolida
Hay un dato que preocupa más que la foto: la profundidad. No se trata solo de cuánta gente cayó bajo la línea de pobreza, sino de cuán lejos quedó de poder salir. El indicador de brecha de pobreza —cuánto le falta a un hogar pobre para dejar de serlo— se amplió. Y la infantilización de la pobreza es feroz: en 2024, más del 65% de los chicos y chicas menores de 14 años vivían en hogares pobres, según UNICEF y datos derivados del propio INDEC.
Esto configura lo que los economistas llaman pobreza estructural: no es un ciclo del que se sale con dos trimestres de crecimiento. Es infancia desnutrida, escolaridad interrumpida, deudas familiares que se arrastran años, viviendas hacinadas. Es exactamente lo contrario del proyecto de movilidad social ascendente que Argentina supo construir entre 1945 y 1975, y que —con avances y retrocesos— defendieron los gobiernos kirchneristas.
La educación pública, la salud y los programas sociales son, en este contexto, el último dique. Por eso el ajuste sobre ellos no es un error contable: es programa político. Lo vimos en las universidades yendo a la Justicia y en el desguace silencioso de la salud pública.
Endeudarse para comer no es libertad
El relato oficial insiste con la palabra libertad. Pero la libertad de una familia que paga los fideos en tres cuotas con 90% de interés anual es una libertad tramposa. Es la libertad del que no tiene alternativa, no la del que elige.
El endeudamiento de los hogares para consumo básico —fenómeno que también se ve en trabajadores de plataformas, como analizamos en repartidores endeudados— es la contracara íntima del ajuste macroeconómico. El déficit no desapareció: se privatizó. Cada familia argentina cargó con una porción del ordenamiento fiscal que el gobierno se atribuye como logro.
Informes de organizaciones como el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA —difícilmente sospechado de kirchnerismo— confirman el diagnóstico: aumentó la inseguridad alimentaria, aumentó el estrés financiero de los hogares, cayó la calidad nutricional de las comidas. El dato duro está. Falta la decisión política de discutirlo sin eufemismos.
Qué hacer con este diagnóstico
No alcanza con denunciar. Hace falta reconstruir una agenda que ponga el ingreso popular en el centro:
- Recomposición real de jubilaciones y AUH por encima de la inflación de alimentos, no del IPC general.
- Ley de góndolas y control efectivo de precios en la canasta básica, con participación de organizaciones sindicales y de consumidores.
- Refinanciamiento de deudas de hogares con tasas subsidiadas para consumo esencial, tomando como modelo experiencias de banca pública regional.
- Reapertura de paritarias libres sin techos impuestos por Trabajo.
- Reconstrucción de programas alimentarios con auditoría transparente, pero sin desmantelamiento demagógico.
Es, en definitiva, la discusión que atraviesa el país: si el Estado es un problema o si es la única herramienta que las mayorías tienen para no ser cifra en un informe. Los datos del INDEC —los mismos que el oficialismo celebra cuando muestran desinflación— gritan la respuesta.
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Fuentes citadas
- INDEC — Incidencia de la pobreza 1er semestre 2024 — Informe oficial con la medición del 52,9% de pobreza y 18,1% de indigencia.
- BCRA — Informes Monetarios — Datos de financiamiento con tarjeta y préstamos personales al sector privado.
- ODSA-UCA — Observatorio con series históricas sobre inseguridad alimentaria y pobreza multidimensional.
- CIFRA-CTA — Centro de investigación con datos sobre caída de salarios reales y distribución del ingreso.
- UNICEF Argentina — Informes sobre pobreza infantil y su evolución en el país.



