Soberanía Económica
El textil que asesoró a Milei hoy pide concurso preventivo
El ajuste no tiene amigos: solo víctimas
Hay una ironía que la política económica argentina produce con cierta crueldad pedagógica: los primeros en pagar las consecuencias de un modelo suelen ser quienes más entusiastamente lo aplaudieron. Según Página/12, un empresario del sector textil que no solo votó a Javier Milei sino que además lo asesoró durante su ascenso político acaba de presentarse en concurso preventivo. El hecho en sí podría leerse como anécdota. Nosotros lo leemos como síntoma.
El sector textil es uno de los más sensibles a las variables que el gobierno libertario manipuló con más agresividad: tipo de cambio, apertura importadora, caída del salario real y desplome del consumo interno. Que un referente empresarial del rubro haya llegado a esta instancia no es un accidente personal: es el resultado previsible de una política económica que ningún análisis heterodoxo serio tardó en anticipar.
La industria textil como laboratorio del ajuste
La cadena textil e indumentaria representa en Argentina alrededor de 450.000 puestos de trabajo formal e informal, con fuerte presencia en el conurbano bonaerense, Córdoba y el noroeste del país. Es, además, uno de los sectores con mayor proporción de empleo femenino y de economía popular. Cuando el ajuste golpea al textil, no golpea solo balances: golpea familias, golpea barrios, golpea la trama social del trabajo argentino.
La apertura importadora implementada por el gobierno de Milei —con reducción de aranceles y facilitación del ingreso de textiles asiáticos, especialmente chinos— replicó el peor capítulo de los noventa. En aquella década, la industria textil argentina perdió más del 40% de su capacidad productiva. El economista Eduardo Basualdo documentó exhaustivamente cómo la apertura indiscriminada de los noventa destruyó eslabones enteros de la cadena de valor industrial, generando lo que él denominó "desindustrialización estructural". Hoy, con otro ropaje ideológico pero la misma lógica, el experimento se repite.
El salario real cayó más de 20 puntos entre diciembre de 2023 y mediados de 2024, según datos del INDEC. Esa caída no es un número abstracto: es menos ropa comprada, menos metros de tela vendidos, menos máquinas encendidas, menos trabajadores con empleo. El consumo interno es el oxígeno de la industria liviana, y el ajuste lo aspiró.
Creer en la motosierra y recibir el corte
Hay algo políticamente revelador en este caso puntual. El empresario en cuestión no era un crítico del modelo: era parte de su construcción ideológica. Asesoró, legitimó, prestó credibilidad sectorial a una propuesta que prometía "liberar" al mercado de las supuestas ataduras del Estado. Lo que recibió, en cambio, fue el mercado en su versión más descarnada: sin red de contención, sin política industrial, sin crédito accesible, sin demanda interna sostenida.
Esto no es schadenfreude editorial. Es una observación estructural: el capital industrial PyME argentino —incluso el que simpatiza con el ideario liberal— no puede sobrevivir sin las condiciones que solo una política activa del Estado puede garantizar. Tipo de cambio competitivo, protección arancelaria selectiva, financiamiento productivo a tasas razonables, salarios que sostengan el consumo. Sin esos pilares, la industria textil no es viable, no importa cuánto entusiasmo libertario tenga su dueño.
Axel Kicillof lo planteó con precisión cuando era ministro de Economía: el mercado sin Estado no asigna eficientemente, concentra. Y lo que concentra hacia arriba, lo destruye hacia abajo. La industria textil argentina es, en este momento, el "abajo" de esa ecuación.
Qué dice CIFRA y qué calla el gobierno
El centro de investigación CIFRA-CTA viene documentando el proceso de deterioro industrial desde el inicio de la gestión Milei. La industria manufacturera acumuló caídas interanuales sostenidas durante el primer año de gobierno, con el sector textil entre los más afectados junto con el automotriz y el metalmecánico. La recuperación parcial que el gobierno exhibe en algunos indicadores macroeconómicos —baja de la inflación mensual, superávit fiscal— no se traslada a la planta fabril ni al bolsillo del trabajador.
El superávit fiscal que La Libertad Avanza festeja como logro histórico se construyó, en buena medida, sobre la licuación de jubilaciones, la parálisis de la obra pública y el desfinanciamiento de las provincias. No es superávit productivo: es superávit de ajuste. Y el ajuste, como demuestra este caso textil, no genera riqueza nueva: redistribuye hacia arriba el dolor de abajo.
Mientras tanto, el gobierno no tiene política industrial. Tiene desregulación. No tiene estrategia de sustitución de importaciones. Tiene apertura. No tiene crédito para PyMEs productivas. Tiene tasas que, aunque bajaron, siguen siendo inaccesibles para el capital de trabajo de una empresa mediana del rubro. En ese contexto, el concurso preventivo no es una falla empresarial individual: es la foto de una política sectorial inexistente.
El Estado que no estuvo y el que necesitamos
Desde Eduqueros sostenemos que el futuro se construye desde el Estado, y este caso lo ilustra con elocuencia incómoda. Un sector como el textil —intensivo en mano de obra, con capacidad de federalizar el empleo, con historia de organización gremial y potencial exportador en nichos de calidad— requiere exactamente lo que este gobierno desmanteló: compre nacional, financiamiento a tasa subsidiada, acuerdos de precios que protejan el mercado interno, política cambiaria que no licúe la competitividad.
No se trata de subsidiar ineficiencia. Se trata de reconocer que en una economía periférica como la argentina, la industria no sobrevive en igualdad de condiciones con la producción de países que tienen décadas de ventaja en escala, tecnología y financiamiento barato. La política industrial no es un capricho estatista: es la condición de posibilidad del empleo formal en el interior productivo del país.
El empresario que hoy pide concurso preventivo aprendió esto de la peor manera. La pregunta es si el gobierno que él mismo ayudó a construir tiene alguna intención de aprenderlo. Los datos, por ahora, sugieren que no. Y los trabajadores textiles de todo el país pagan esa obstinación con sus empleos.
El hilo, en efecto, se cortó. Pero no fue solo el de una empresa: fue el de una ilusión sobre lo que el mercado sin Estado puede hacer por la industria argentina.
Relacionado: '¿CUÁNTOS DÓLARES GANA EL SALARIO MÍNIMO ARGENTINO?': la cifra del ajuste 💪 — otra mirada sobre el mismo tema.
Fuentes citadas
- Página/12 — Empresario textil asesor de Milei entra en concurso preventivo — Noticia original que da origen al análisis editorial.
- INDEC — Índice de Salarios y Costo Laboral — Datos oficiales sobre evolución del salario real utilizados para contextualizar el impacto en el consumo interno.
- CIFRA-CTA — Informes sobre industria manufacturera 2024 — Centro de Investigación y Formación de la República Argentina. Documentación sobre caída industrial durante la gestión Milei.